Los autores del himno dominicano fueron previsores. Dejaron un espacio para la anexión de Haití. Como está visto que hay un interés recrecido en esta compactación podríamos facilitar la operación guardando algo de dignidad. Así nuestros órganos jurídicos como el congreso o el tribunal constitucional serían sepultados con su propia sentencia.
Hago pues la propuesta constitucional de una consulta popular que determinará si nos unimos definitivamente a Haití. De esta manera cederíamos a la presión internacional, pero con orgullo. Como existen muchos dominicanos a los que el tema no les da ni frío ni calor, la convocatoria a la consulta sería acción de una sola pregunta: está de acuerdo con ser parte de la República Quisqueyana?
Los haitianos no ocultan la ejecución de un plan de penetración con anestesia y acallan protestas domésticas con los medios de comunicación, pregones internos y organismos internacionales así como enegés patrocinadas por imagínese usted quien.
Políticos haitianos con los que conversé hace años me dijeron que la integración sería por el amor. Los y las indocumentadas, por un proceso natural y horizontal, se multiplicarían aquí. Eso ya se está dando. Lo otro sería implementar en las escuelas haitianas el idioma español para facilitar la inserción en el esquema regional porque el creole o el francés en cierta medida han resultado excluyentes.
Hace mucho lo dije y lo repito, las medidas de boicot comercial son parte de esta presión de integración forzosa. Ellos quieren ser dominicanos o recuperar lo que una vez fue propiedad efímera. Tienen la idea de que el barco que zarpó puede retornar a puerto.
Como los diseñadores del plan están en más de una demarcación y son políticos y empresarios se les puede dar gusto con la República Quisqueyana. Quisqueya es una voz antigua de cuando no existían las potencias divisionistas. Tendríamos pues en vez de cacicazgos, los modernos estados, departamentos o provincias.
Todos los que vivimos de este lado, que ocupamos la parte oriental de la isla sólo tendríamos que vernos celebrando las fechas a ritmo de atabales degustando un vudú en plenilunio. Es cuestión de acostumbrarse. Esto se practica en muchas poblaciones y el mestizaje es el camino del mundo.
Cantaremos a coro “quisqueyanos valientes alcemos...”
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