Será labor de zapa o sonsaque lo que ha logrado el PLD en contra del PRD. Ignoro las intimidades de la negociación, pero con el correr de los días se sabrá qué obtuvo por el cambio de bando el exsenador Mario Torres. Es el resultado lo que se mide, y ha sido fructuoso. Sin ceder ningún jugador ni pagarle al otro equipo el morado obtiene un toletero grandes ligas.
Torres fue senador en dos períodos por Dajabón, y en una ocasión secretario general interino del PRD. Fue muy cercano a Milagros Ortiz Bosch; cruzó la verja hacia Miguel Vargas Maldonado, pero ya se había alineado con Hipólito Mejía, donde hace sus votos de negociar contritamente con el PLD.
Todo parece indicar que esta deserción es resultante de la lucha interna. A Torres no hay que contarle cómo se bate el cobre en las tendencias del partido blanco. Ha estado en todas. Estrenará un espacio con los morados y aguarda a que Leonel Fernández le levante la mano en juramento de adhesión y “amor eterno” a la estrella amarilla.
En su beneficio se dice que tiene un liderazgo enraizado en toda la región noroeste. Que es bien formado intelectualmente y pragmático; no gusta de los conflictos porque es más bien concertador. Lo que extraña a los perredeístas sobre este cambio de matrícula es que Torres es resbaladizo como el pescado Dajao.
Este es otro desertor de la nave blanca. Ya otros diputados lo han hecho y se menciona hasta al apreciado César Sánchez. En realidad estos movimientos de aproximación con el PLD se iniciaron en la pasada campaña. Varios congresistas amagaron con salir de primera para segunda, pero el manager frisó esas tendencias. A un año electoral se evidencia que se frenó el impulso, pero no se eliminó la inercia.
La marcha de Torres tiene casi el mismo sonido que la del senador azuano Rafael Calderón. Habrá que ver si el PLD lo asimila en su estructura con igual peso que al azuano. Aunque en los partidos se les ve como advenedizos a los procedentes de otros colectivos.
El PLD está ensartando temprano porque sabe que el XVI será arduo. Se anotó un “ virao”.
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