El Superintendente de Electricidad, ingeniero Eduardo Quincoces, mide la temperatura de la sábana para afirmar que tiene fiebre el paciente. Quiere atribuir a la prensa la aversión que levantó el pretendido cambio de tarifa eléctrica. La modificación la fijó la Superintendencia de Electricidad dentro del régimen de competencias que le asigna la ley. Fue una decisión totalmente legal. También fue la SIE imán de las protestas.
Ante la marejada hubo una marcha atrás. Cancelaron el aumento de la tarifa. El que mete la pata y la saca pronto queda bien.
La jerarquía teórica de la SIE es para imponer las reglas en la industria eléctrica. La CDEEE está por debajo, y también las distribuidoras. Con estos y las empresas generadoras se arma el negocio eléctrico. Pero eso es un decir porque la misión reguladora de la SIE tiene un ámbito limitado. Son elefantes los que operan el circo, además Quincoces no está políticamente por encima de Rubén Jiménez Bichara o de Rubén Montás. Y nada que hablar de las generadoras.
Los integrantes de la industria eléctrica conocen al ingeniero Quincoces. Tiene una década en la SIE. Lo tildan de tozudo. En verdad Quincoces escogió el camino fácil pero ríspido, para solucionar un presunto desbalance en la industria eléctrica. No obstante, la reculada tarifa que se pretendía imponer debe tener una base cierta.
Quincoces dice que a finales de julio hubo reuniones con personas e instituciones del sector. Que no fue sorpresiva la imposición de nueva tarifa. De algún lado saltó un conejo, porque de Palacio dicen que engañaron al Presidente. (Si no hay cancelaciones, no hubo truco). El Superintendente alegó en su defensa la intención de corregir supuestas distorsiones que afectan el régimen de igualdad constitucional y de los derechos del consumidor en el sector eléctrico. Altos valores. Murallas que no debían ser saltadas, una simple llamada palaciega las derribó.
Los bateadores deben siempre mirar atentos tanto la pizarra como las instrucciones del manager que son transportadas por los asistentes de primera o tercera. Las encuestas son como el marcador. Hay que jugar con ellas. No contra ellas. Quincoces abanicó un swing fuerte y el asistente de tercera le transmitió la seña de sacrificio. Aceptó a regañadientes, sin dejar de culpar a los periodistas por su error.
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