jueves, 26 de septiembre de 2013

Bachillerato deportivo

Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
Es una realidad que muchos padres impulsan la vocación de sus hijos hacia el deporte. Otros son tolerantes cuando sus vástagos abandonan las aulas para dedicarse a la práctica deportiva, sobre todo  en el béisbol. Sueñan con ser astros. Quieren  fama  y  dinero.
También les impulsa el deseo de mejorar su calidad de vida y  apoyar a sus progenitores, retribuirles de la mejor manera. Un contrato por un equipo de béisbol de grandes ligas es un colchón de felicidad doméstica, es la casa soñada y el vehículo adecuado.
Cotidianamente veo a cientos de jóvenes asistir al Centro Olímpico Juan Pablo Duarte para sus entrenamientos en béisbol. Pasan las mañanas y las tardes concentrados en sus metas y entrenan los músculos para cumplirlos. Esos sueñan despiertos y saben que la mejor manera de acercar el futuro es con trabajo orientado a un fin.
Así como ellos hay miles repartidos por toda la geografía nacional. Algunos están bajo la tutela de equipos de ligas mayores, otros practican de forma silvestre en cualquier espacio que le permita lanzar o atrapar una bola de béisbol. Corretean, se estiran y sudan bajo el plomo solar tropical. Se vislumbran bajo las luces del estadio y con la música de los aplausos respaldando sus hazañas.
Pero la vida real es de dura competencia,  pocos llegan. Me decía David Ortiz que hay que fijarse  que son cientos de jugadores que colman los equipos y proceden de muchos países, incluyendo los Estados Unidos. Es un deporte difícil. Reclama muchas cosas. No basta el talento.
Tener velocidad, buen brazo, resistencia, buena vista, reflejos, poder e inteligencia son herramientas muy importantes. Pero en los deportes la mente juega un papel fundamental. El pánico escénico, la concentración, resistir la presión, disfrutar el juego en ambientes distintos, aclimatarse a la separación de la familia y los hijos;  sobre todo adaptarse a un clima e idioma distinto que muchas veces no maneja, son factores que conspiran contra estos entregados atletas.
Muchos quedan en los entrenamientos o  no superan los obstáculos y tienen una carrera corta. Vuelven a las penurias sin posibilidad de tomar una carrera universitaria. El Gobierno podría crear el bachillerato deportivo que los retenga en las aulas; que sin desviar su vocación los prepare en disciplinas  vinculadas a los deportes. 

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