jueves, 10 de abril de 2014

Zapatos de plomo para jóvenes


Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
Los días en política no son los mismos que el calendario. A veces son muy cortos (si estás en el poder y muy largos si estás abajo) para hacer proyecciones a largo plazo. Sin embargo hay que otear para poder hacer los planes o describir lo posible. Es mirar en lontananza para hacer las cabriolas del análisis.
Cada vez que tecleamos hacemos un malabar con lo presente y lo futuro. Pensamientos y personas están en juego. Su hacer y no su decir es lo que conforma el panorama. Hay quienes sueñan o se emborrachan de sectarismo; las pasiones lo obnubilan y lo conducen a la diatriba, mas, obligado se está a manotear las brumas.
Hay navegantes de la internet que manejan la Santamaría como un barquichuelo cargado de emoción, donde los deseos asumen el control sin ver más allá de la nariz. Son navegantes que arremeten contra las rocas aunque la nao no llegue al 16, pero más allá de la fecha habrá actividad política y otros marineros estarán a babor y estribor.
En el país de nosotros los asesinatos de Trujillo talaron un pujante relevo político y la resaca de la dictadura se llevó lo que emergía. Luego los gobiernos de Joaquín Balaguer hicieron lo mismo con lo que venía de relevo. Además hay dos tipos de talas, la eliminación de los líderes emergentes o los tapones políticos.
La política aporta surtidores que son frenados por los líderes en control. Los emergentes que tienen conciencia de la realidad deben navegar esos meandros para avanzar. Deben, necesariamente, que tener la paciencia y la astucia para eludir las zancadillas y el veneno del elogio. Esto no es fácil para los que la fama baña con aplausos y dinero.
La realidad actual hay que evaluarla con sus propios contenidos. Se están gestando nuevos líderes. A ambos lados de la frontera del poder bullen nombres y figuras. Algunos aún están en las sombras o se incuban, pero están ahí. Es por eso que la oportunidad tiene costos. Moverse con habilidad va más allá de lo que se cree seguro.
La cotidianidad del análisis político embadurna de ceguera la mirada. Se tiene la obligación de atenazar los aprestos de las banderas, para que las siglas no se diluyan en la palabrería. Hay que eludir los que se dedican a asaetar por oficio.
Los cambios están cerca. 

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