Se entiende el reclamo de familiares del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó que desean que sus restos reposen finalmente en el Panteón Nacional. Todo un país así lo pidió. Los congresistas lo dispusieron convirtiendo en aprobación ese sentimiento popular.
Lo que parece una exageración es que atribuyan al ministro de Cultura que sea el responsable de que los restos físicos del Presidente de Abril no estén en el Panteón de los Inmortales. José Antonio Rodríguez tiene una encomienda que sobrepasa su deseo personal. Nada lo autoriza para que pase por encima de los estudios que se han realizado a la osamenta supuestamente de Caamaño Deñó.
Con el tema del jefe de los Constitucionalistas de Abril de 1965 hay una pequeña confusión. En esa gesta encabezó los intereses patrios con gran valentía y arrojo. Él simbolizó los colores de la nacionalidad. La Patria agradecida, por decisión de sus representantes legislativos, lo encumbró a la reunión de los grandes patriotas. Al nombre. Ahora toca a la ciencia determinar si corresponde al hombre los restos en estudio.
Entre los dos sobrevivientes de la operación guerrillera de Playa Caracoles hay diferencias sobre el destino que se dio a los restos mortales de Francisco Alberto. Un militar que fue testigo presencial del capítulo final del líder guerrillero dijo que incendiaron sus restos. Mientras Hamlet Hermann asegura que las cenizas fueron lanzadas al mar, Claudio Caamaño afirma que los restos no ardieron del todo y presenta una osamenta chamuscada.
En el Panteón Nacional yace la memoria de Francisco Alberto Caamaño. Es la prueba del homenaje del pueblo dominicano. Un cenotafio fue depositado en espera de sus restos. Ya hay medios científicos para determinar la veracidad de cualquier intento. El Héroe de Abril es un tesoro nacional, no familiar, aunque sus descendientes quieran cerrar esa brecha y darse paz con el hallazgo de sus reales despojos.
Fue una crueldad del régimen de Joaquín Balaguer desaparecer sus restos. Son protocolos no escritos de la política, pero cuando fusilaron a Caamaño ahí mismo lo ascendieron a inmortal. Cuando estaba frente al pelotón dijo: “¡Viva la República Dominicana!”, los disparos callaron su voz que fue la música de fondo de su ascenso.
Caamaño está en el Panteón Nacional por su patriotismo. Nuestro compañero de armas, el líder de los constitucionalistas, nunca pensó en disputar por homenajes. Su cementerio es el pueblo dominicano, donde está vivo.
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