miércoles, 30 de abril de 2014

El ‘cualquierismo’ llegó al poder

Alfredo Freites
alfredofreitesc@gmail.com
Las intenciones de reglamentar la música callejera son válidas. Hay que pararse en el lugar más alto para reclamar apoyo a las iniciativas. Es correcto ponerle un bozal a los contenidos, podar las frases altisonantes o de mal gusto que se esparcen por el aire como gases tóxicos, pero temo que serán iniciativas que no prenderán.
Las épocas cambian, para bien o para mal. Los gustos también. Valdría aseverar que los gustos definen las épocas. En la sociedad de los 1800 y después, el merengue era visto con malos ojos. Está ahí la retahíla de denuestos. Igual cuesta subió la bachata. Ambos géneros eran considerados propios del ser social marginal que se embriagaba musicalmente de erotismo o mal gusto en su escarceo de fin de semana.
En la actualidad el mal gusto, o el gusto de moda tiene el control de los espacios mentales del esparcimiento.
Decir groserías, vestir enseñando más de lo oportuno, peinarse a contrapelo, combinar lo chocante, hacer prácticas antinatura y viajar sin boleto aéreo son temas del momento.
Frecuentemente escucho a niñas de clase alta  y personalidades  de la radio nacional decir palabras subidas de tono pero en tono bajo. El vaineo es una muleta recurrente. Ya los genitales son mencionados sin ton ni son aunque no hagan rima.
Es en este ambiente que se mueve la música callejera. Además, hay un sistema mucho más abierto donde la Internet abre un surco mundial a todo tipo de manifestación. Hace unas semanas estaba con unos amigos en provincias y me pusieron desde el móvil el último hit de una señora que por tragos de alcohol  entona una ringlera de malas palabras en forma de canto.
Esta juglar moderna es típico ejemplo de lo que pasa hoy. La persecución a estas manifestaciones de un arte cuestionado no fructificarán. Será una cruzada contra la rebeldía. Estos jóvenes que los apoyan están en lucha contra el establecimiento. Se sienten hermandados y en libertad de poder decir lo que en realidad Francis Santana le vio a Severa o comer el verdadero Sancocho Prieto.
Son espacios nuevos que se usan a contracorriente, expresiones marginales que fructifican merced a que el cualquerismo está en el poder.
Ya no es cuestión de usar la represión de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos o cerrar las puertas de la radio  con trancas voluntariosas. La moda pasa.

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