Nuestro joven sistema democrático sostiene elementos que son posibles de atar en las estadísticas políticas para ver si alguien es capaz de romper una de sus marcas. Lo más singular son las falsas plataformas que dan la ilusión de estar a pasos del poder.
Los políticos creen que llegar a la Vicepresidencia de la República es estar a un paso del poder, que la UASD es un trampolín como podría serlo también ser síndico del Distrito Nacional.
También hay la creencia de que ser un prestante santiaguense es ruta de selección natural para una posición presidenciable o por lo menos, vicepresidente.
La imaginación popular comenzó a fabricar las marcas cuando el país de los sesenta bostezaba la dictadura de Trujillo. La población era básicamente rural y la capital era enorme, hacía fronteras con San Cristóbal y San Pedro de Macorís; Santiago era “la segunda capital” e industria de presidentes: Rafael Bonnelly, Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía.
Como tan grande era la Capital y “aquí se hacían los cheques” de los empleados públicos, se creía que ser síndico controlaba una gran nómina y recursos económicos que lo colocaban a tiro de hit para llegar al poder. Los años han desinflado un tanto la idea porque se recortó el Distrito Nacional, y el Poder Ejecutivo asume parte de sus costos.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con sus coqueteos de rebeldía intelectual también fue tomada como trampolín, pero ha ocurrido igual que con la sindicatura de la capital, o el gentilicio de cibaeño, no ha pasado de ser sueño en una noche de verano.
Lo que más ha alimentado el ego político ha sido la Vicepresidencia. El 02 está como bateador designado. Ante una falta permanente del Presidente está ahí para cubrir el hueco. Los candidatos presidenciales buscan personas más viejas o enfermas para que no conspiren en busca del poder.
Balaguer y Jacobo Majluta son los únicos que han sido vice y presidentes. El primero, vice en la era de Trujillo, y el segundo elegido junto con Antonio Guzmán. Pero ningún vicepresidente ha llegado al poder presidencial por elecciones desde 1962.
Los políticos encubiertos llamados militares tampoco han llegado al poder luego de ser secretarios o ministros de las Fuerzas Armadas. Aunque después que salen de los cuarteles la golosean.
Las catapultas han fallado, pero siguen las esperanzas.
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lunes, 21 de abril de 2014
Falsas plataformas políticas
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