En baloncesto cuando la bola se retiene más del tiempo requerido para el tiro se canta una falta.
Para enviar un proyecto de ley al congreso no se requiere tiempo, no se canta una falta ni hay advertencia, pero se alienta la controversia.
No por darle largas a un asunto se calma la presión.
Así ocurre con el proyecto sobre la migración ilegal.
En torno a la ley que empañeta la mencionada sentencia del Tribunal Constitucional surgen y se acarrean señales contradictorias. De lejos parece que se baraja el mazo. De cerca luce igual.
Los ligeros de pensamiento podrían pensar que se le da largas al asunto para buscar un punto donde apear la carga que presiona al Gobierno.
Eso es sólo un creer.
En la realidad varios funcionarios del Estado laboran tarde y noche, y las mañanas también, en la pieza que pasará el rodillo al tema de la migración ilegal. Esa gente ni come ni duerme.
Están bajo una presión imposible de describir. Hacen un párrafo que debaten y cuelan. Lo envían a los superiores y llega un boche. O suena el teléfono sin cesar urgiendo que terminen.
Los que redactan el proyecto de ley de naturalización o como termine llamándose tienen una central telefónica que no para. Son llamadas en todos los idiomas, aunque el inglés es el que prevalece.
Todas las voces, de cada quien más autoritaria, según el rango, piden esto y aquello para empañar el texto. Redactan, pulen y vuelven a comenzar.
Es el tema de nunca acabar o párrafos para volver al principio.
La verdad debe ser dicha.
En el grupito que trabaja en el citado proyecto hay de todas las sentencias. Hay los claramente partidarios de dejar la cosa como está, los que se inclinan por regalar la nacionalidad como mangos en verano y los nacionalistas a ultranza que en todo ven una conspiración de los entreguistas.
Y el tiempo pasa. Y nada. El vicepresidente de USA venía para acá a hablar del tema y cuando le dijeron que “natintoli”, canceló el vuelo y dijo que se inventaran cualquier excusa. El Caricom se entusiasmó con la planeada visita de Kerry. Afinaron sus tambores metálicos para entonar caribeña música de presión pero al recibir la cancelación volvieron a la injerencia. Tropezaron nuevamente con el carillón de la repulsa nacional.
Total, por más que barajen el tema, algún sector quedará inconforme.
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