martes, 25 de marzo de 2014

Alcemos nuestro canto

Alfredo Freites
alfredofreitesc@gmail.com
La colección de instrumentos de tortura es amplia. Hay todo tipo de ingenios para quebrar la voluntad humana. En la lucha por derribar la oposición de personas, grupos o naciones estos artificios han sido utilizados cuando se carece de ideas para convencer al contrario. Es como se dice, a las buenas o a las malas.
Cuando un sujeto es recio, firme de ideas o principios, muchas veces la tortura se dirige hacia sus cercanos. Somos débiles en el afecto. El amor que es sentimiento que nos hace fuertes es también un talón de Aquiles que nos hace vulnerables.
El cabeza de familia o de grupo es blanco de sus contrarios. En política, el papel lo juegan los líderes. Ahora mismo el presidente Danilo Medina es el sujeto de la presión de los grandes. Los contrarios al interés dominicano lo quieren poner de rodillas. No se oculta que pretenden quebrar su decisión de mantener la soberanía como ha proclamado.
En estos momentos la presión internacional crece. Se ignora cuál de los instrumentos de tortura sacarán al escenario los que pretenden llevarse de encuentro la institucionalidad dominicana. En la era moderna también se usan instrumentos de tortura contra naciones.
Una pequeña mirada nos muestran las sanciones económicas, bloqueos físicos a los territorios, obstrucción a las ventas de sus mercancías en otros mercados, invasiones con falsos pretextos o sin declaración de guerra. También hay las campañas de desinformación o tergiversación de eventos, abultar los errores o disminuir los  logros. La lista de actividades va de lo pequeño a lo grande.
En el caso de los haitianos, la olla ha ido sintiendo el crecimiento del calor.
Hace mucho que dije que el tema no había más que comenzado. Es un objetivo planeado por mentes que tienen como su única ocupación buscar los puntos débiles a un país empeñado en seguir su camino en democracia y progreso. Quieren imponer como dominicanos a los haitianos residentes o nacidos aquí. 
Los haitianos serán dominicanos a las buenas o las malas.
Esa es la decisión tomada por un contubernio.
El tema de la dominicanidad debe ser sacado a la calle. Es hora de que el país se vincule con lo que en realidad está ocurriendo. Traspasa la frontera nacional el alcance de las mentiras.
Si caemos de rodillas, sea por la fuerza de un golpe artero. 

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