Es común ver que grandes empresas hablan de sus logros en materia financiera. Sobre todo los bancos. Que ganan miles de millones, que elevan sus utilidades, que sus activos crecen. Es magnífico. Eso habla de buen desempeño. Los inversionistas se frotan las manos. Los empleados aguardan final de año.
Una de esas empresas con buenos desempeños es el Banco de Reservas. Es una institución bancaria del Estado. Supuestamente sus dueños somos todos. Pero no todos. Más bien es el Gobierno y eso estrecha el círculo de propietarios. Digamos que pueden acceder a sus utilidades los que están pegados al poder, pero tampoco es así. El régimen bancario es muy estricto y delicado. No se puede meter mano a los fondos bancarios medalaganariamente. Claro que hay caminos vecinales, pero se cuentan con los dedos de un manco quienes conocen esos pasos de cabra, que a menudo solo transitan las urgencias nacionales. Digo emergencia y quedémonos ahí.
Los entresijos del Banco de Reservas y a donde van a parar sus utilidades es tema para videntes. La gestión es delicada porque además deben alejar las manos de los usufructuarios del poder para que no haya una quiebra virulenta. Los administradores del Reservas tienen que ser una especie de enemigos amistosos de los gobiernos. Te quiero muchoÖ pero besarte no puedo.
Ya que es tan complicado el acceso a los fondos del banco del Estado algo se puede hacer. Y es fácil hacerlo. El mundo moderno tiene una herramienta para que las empresas queden bien, lo hagan bien y lo sepan hacer saber bien. Tienen las relaciones públicas, que evolucionan para que las empresas sean solidarias y presentadas como ciudadanos corporativos. Esas acciones son de más impacto cuando usan el uniforme de gestión social. El Reservas tiene una gran oportunidad de hacer de sus relaciones públicas una enorme gestión social. Pueden usar tanto saco y corbata como la franelita de ocasión. Depende de la actividad.
Es conocido que el actual administrador general es persona de sensibilidad social. Se presenta la ocasión de un vasto plan de acción pública con programas a largo plazo que impacten en la sociedad, sobre todo en el entorno del banco y sus empleados.
En general me inclino por programas de apoyo a la educación, desde párvulos hasta becas al extranjero. La formación académica siempre es beneficiosa para el país.
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