Un artículo del Listín del sábado, bajo la firma de Javier Valdivia, encendió la luz roja en mi cerebro. El prendiapaga, como en cable Morse, me advierte que continúa el hipócrita doble juego del gobierno de Haití.
Los haitianos, con el presidente Michel Martelly a la cabeza, dicen públicamente que la socorrida sentencia del Tribunal Constitucional es tema de un país soberano, pero bajo cuerda van y vienen por diferentes países tejiendo un repudio a República Dominicana. Han apelado a todas las instancias con astucia. Quieren adormecer a las autoridades locales con una supuesta aceptación mientras se conspira a todo lo largo y ancho del mundo.
Quieren expulsar a los dominicanos del Cariforo. Buscan que el Caricom sea un cadalso. Compelen a la comunidad europea para que haga de verdugo. Todo un plan de campaña. Es entendible el sonsonete de los haitianos. Ponen en práctica la simulación. Hace ya mucho tiempo afirmé que el tema del boicot comercial por parte de Haití no era una acción económica sino política; que el trasfondo era el tema migratorio.
Reclamé a las autoridades dominicanas que hablaran claro y no ocultaran la verdad alegando que se estaba resolviendo el problema, porque no era cierto. El gobierno de Martelly aplica un guión bien elaborado. El tema de los inmigrantes haitianos ha sido abultado y sobredimensionado expresamente. Encontró un filón multiuso.
Con la defensa de los supuestos dominicanos Martelly quiere resolver su ineficiencia para dotar de documentos a los hijos de haitianos que constitucionalmente son haitianos. Sin embargo, gestiona una nacionalidad a golpe de presión externa bajo todo tipo de ardites que son derrotados en todas partes. Los dominicanos apelan a las leyes dominicanas. Recientes casos de inmigrantes en Colombia y Francia dan la razón a los dominicanos.
Veo claramente las dos caras de la medalla. Por un lado hay países en las Antillas que se perjudican con el progreso del turismo nacional, por eso no descarto una sentencia a cadena perpetua en uno de esos organismos. La otra es que el tema migratorio es una treta para distraer la presión política interna. La olla reclama a Martelly. Ya veremos por aquí a los actuales gobernantes haciéndose los simpáticos cuando salgan en estampida huyéndole a las formas de persecución que estilan los políticos haitianos.
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lunes, 18 de noviembre de 2013
Haití usa treta de distracción interna
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