Entré a hurtadillas al Teatro Nacional atiborrado de apoyo y presencia a Tony Raful que recibía el Premio Nacional de Literatura de la Fundación Corripio con el respaldo del Ministerio de Cultura. El espacio estaba callado. En una pantalla el poeta reconocido, hurgando páginas advertía que este reconocimiento no era final sino continuación. La solemnidad de evento y lugar hicieron más lentos mis pasos. Décadas he pasado recorriendo la sala. La conozco de memoria. Muchas noches las compartí con Carlos Piantini a quien vislumbré afinando su violín por si era necesario un fondo para esta noche de alteración del parnaso. Raful me pareció a un Bécquer leyéndonos su Miserere. Era espacio ideal decorado para la admonición.
Pepín Corripio no habló pero dijo que los poetas no son una especie en extinción; que la Fundación Corripio no los dejará ir. Aún confía en esos buzos de la esperanza, en esos planetarios armados de rayos de la palabra organizada. Desde hace veintitrés, cada año hace un repique del carillón cultural para recordarlo. Mientras lanzaba mi mirada miope por la penumbra, me senté, sobrecogido por la sobriedad que destilaban los hablantes. El doctor Tena Reyes reclamó apoyo para el arte, el ministro de Cultura, José Antonio Rodríguez talló un breve relicario que destapó Mateo Morrison, vate compañero de Raful, también pasado Premio Nacional de Literatura. Dos de la camada de pos guerra.
Cavada, a quien el apellido borró su nombre, convocó a Tony Raful. Los aplausos se fueron multiplicando, se amontonaron y me produjeron anoxia. Sentí que me iba del patio de butacas. Adormecido por la penumbra vi claramente al poeta hacer pases de magia. Construyó un castillo sonoro donde alojó a los bardos que le precedieron. Esos animados fantasmas no eran seres incorpóreos. Siguen vivos en la mente humana. Juro que los vi desfilar orgullosos por el proscenio y trepar a las literas que Tony Raful había construido en forma de góndolas para inmortales. También erigió Raful el pasadizo del agradecimiento a sus contemporáneos que le dieron cobijo.
El destacado poeta, investigador, ensayista, historiador y miembro de la Academia de la Lengua hizo de la noche una tertulia donde convocó a esos que con rimas, versos y metáforas fabrican mariposas esdrújulas que sobrevuelan la realidad ficticia, esos vectores de la polinización de sueños. Con ellos compartió su premio. Tony Raful, es inmortal de las letras dominicanas.
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