En todos los partidos políticos la efervescencia emana de las aspiraciones en torno al 2016. Las elecciones congresipales (congresuales- municipales) y presidenciales son como el sol sobre el que giran las agrupaciones.
Aquí radica el alimento del trabajo. Reuniones de tendencias, negociaciones a futuro, pase de factura por servicios prestados, revancha por lo pasado, acuerdos nuevos sobre los nuevos acuerdos. Todo alienta las posibilidades.
Los ganadores convencionales, abrazados a las aspiraciones se añoñan en la tibieza del poder. Eso es lo máximo. Pasa en la vida real y también en el PLD.
En la reunión del miércoles de los miembros del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana que escogerá los nuevos miembros del Comité Político se avientan nubes negras. Votarán con los ojos puestos en el 16. Porque no se trata de otra cosa. Un giro en la correlación de fuerzas. Un deslizamiento.
La guerra de posiciones abarcará luego el despliegue nacional. Un análisis del PLD de hoy es verlo como organismo vivo. Ir de lo general a lo particular al observar la evolución que lo sacude, pero centrándolo en la lucha interna para avizorar su dinámica.
Los danilistas tomaron experiencias de elecciones pasadas y se dedicaron al proceso de acumulación de fuerzas.
Llegaron al poder y de inmediato se fijaron acciones de movimientos orgánicos para promover sus dirigentes.
La palanca del poder los alza con la victoria en este Congreso que concluye el miércoles. Más, no para ahí el tema.
La ruta es el 16. La segunda fase es el posicionamiento para copar las posiciones electivas. Se busca desalojar completamente a los leonelistas.
Sin embargo, tiene un matiz destacable. Por el momento se descarta que Danilo busque la reelección. Estará tejiendo una malla congresual que proteja su salida y que lo deje en posición de fuerza.
También este poder adquirido se verá en la ampliación del Comité Político. Es una ficha de negociación que será orientada a obtener respaldo a cambio de apoyo para las candidaturas presidenciales. El poder pesa.
Esto no quiere de ninguna manera decir que Leonel está más solo que la una ni que se quedará de brazos cruzados para que lo crucifiquen. El retiene fuerzas. No es que lo arrollaron sino que algunos de los que antes lo apoyaron quieren una chance y mudan de altar. Comprensible.
En política la lealtad vale oro. Pero falta tiempo para el 16.
No hay comentarios:
Publicar un comentario