Cuando vi el anuncio me asombró: Un trabajo de 24 horas, de todos los días del año, para toda la vida y sin recibir paga. Es verdad que hay escasez de plazas pero esta oferta es lo máximo.
Me adentré en las condiciones, porque es algo que no se percibe de sopetón. Es como ver la televisión, nunca preguntamos cómo imagen y sonido llegan a nuestros ojos. Así es este difícil trabajo sin paga; tiene personas que lo hacen y nos pasan inadvertidas.
Una de las condiciones es que casi siempre al principio quien lo ejerce comerá después que su “cliente” lo haga, no importa la hora ni el día.
Además el tema se complica cuando se menciona el reposo, ya que podrá dormir únicamente y después que su cliente lo haga.
Si su cliente se enferma tendrá que permanecer a su lado y poner en práctica sus conocimientos de medicina doméstica. Si no los tiene, tendrá que aprender rápidamente por sus propios medios, además de ser vehículo de educación, deberá estar dispuesto a subvencionar su empleo.
Tendrá que aprender que pasarán años para recibir reconocimientos reales por su labor, sino que al contrario sus clientes nuevos serán sus más feroces críticos. En público y en privado, ante sus amigos y relacionados, estos beneficiarios se mostrarán indolentes o soberbios, altaneros y sabihondos.
Las oficinas para este empleo están en todas partes del mundo pero sin publicidad, aunque un día al año se les menciona, en realidad son más bien como un objeto de comercio que resalta esta labor pro bono para vender todo tipo de chucherías.
Se pierde en las nebulosas del conocimiento humano el inicio de este trabajo de 24 horas de todos los días del año que no recibe paga. No son robots humanoides aunque así parecen cuando en las madrugadas asumen una tarea urgente. Asombra que son de todas las razas, idiomas, formas físicas y estaturas quienes tienen una vacación a la que se entregan a él sin chistar.
Las personas que desempeñan esta labor de todos los días para toda la vida tienen una inexplicable situación de compromiso que se extiende hasta la muerte. Sus clientes son tan apegados o explotadores que sin importar los años de servicio que hayan recibido, cuando se independizan retienen la ayuda y la convierten en consultoría.
Me quedé perplejo al descubrir que este empleo es que desempeñan las MADRES.

No hay comentarios:
Publicar un comentario