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El Papa ha dicho que hay una puerta abierta para que se cuele el matrimonio de los sacerdotes. Creo que no será algo tan fácil como el capotazo del torero, pero el nuevo jefe de la Iglesia Católica ha tocado el tema y citado que hay curas católicos casados.
La Apostólica Romana ha tenido muchos problemas con la conducta sexual de sus sacerdotes. Desde la pederastia a las relaciones sexuales con chicas, pasando por los hijos no reconocidos, resultantes de uniones carnales fuera de la sacristía o quizá dentro de ella.
En República Dominicana no ha explotado el abuso sexual de sacerdotes contra niños, aunque todos sabemos de curas de conductas erradas. El escándalo del nuncio apostólico fue una nota alta, pero se supo luego que al evento se le trató de echar tierra. Sobre la participación de sacerdotes en la reproducción humana hay hasta familias notables originadas por sacerdotes.
Esta regla de la Iglesia Católica que impide el matrimonio de los sacerdotes es un estilo de vida antinatural. La mente, el espíritu, de estos hombres y mujeres, está entregado a su fe pero son humanos. La biología presiona las entrañas y la herencia genética quiere abrirse paso. Es elemental el razonamiento. El celibato puede y debe ser una decisión de cada sacerdote.
Conozco personas que han elegido la soltería. Los sacerdotes pueden quedarse solos. Hay hombres que después del matrimonio decidieron ya no más; la iglesia puede abrir sus puertas a quienes opten por entregarse a la fe y decir adiós a lo mundanal.
Lo mismo debe ocurrir con las monjas, preciosas piedras de la fe cristiana. No verlas como las domésticas de la religión sino las continuadoras de la vocación. Es posible que en lo futuro puedan postular y ser parte dirigente de la Iglesia Católica, pero ya eso es otra cosa. Sin embargo, nada impide que puedan ser madres de familia y colaboradoras al sostenimiento y expansión de la doctrina.
He tenido la experiencia de conocer a sacerdotes que “ahorcaron” los hábitos por el amor de una mujer. No fue que su amor por el cristianismo fuera menor, sino que las reglas de la Iglesia ponían freno a las demandas de su naturaleza. En un acto en el hotel Lina uno de ellos me confió que debido al matrimonio eran curas secretos.
Los sacerdotes tendrán más respeto como padres de familia.
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