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Todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, el traspaso de los linderos conlleva juicio, sin embargo, debe haber una previa investigación y acumulación de pruebas. En el caso de los miembros de la Policía involucrados en hechos de sangre se tiene que establecer un protocolo que al mismo tiempo que proteja a los ciudadanos, resguarde a los agentes de la autoridad. El tema es delicado. Aunque soy defensor de los derechos humanos de los policías debo poner por encima de todo el imperio de la ley. No tenemos aquí agentes con derecho al exterminio ni podemos otorgar patente de verdugos a nuestros oficiales de la ley. Tampoco debemos tolerar que los delincuentes gobiernen el país; estos deben ser tratados con dureza, con la dureza de la ley.
Al analizar conductas no podemos juzgar por igual a la crápula que a los policías.
Los delincuentes tienen niveles de daño cerebral que no llevan en la cara y los policías que los combaten deben actuar como mandan las circunstancias. La máxima indica que quien va a robar va a matar. En estos tiempos se entiende claramente qué es intercambios de disparos. El malevaje incrementa sus niveles de violencia y no respeta ninguna autoridad.
Es más, la cosa empeora, ahora matan a los agentes de la autoridad para robarles las armas.
Ante ese panorama el Estado debe blindarse. Si tenemos una guerra contra la delincuencia hay que hacer los aprestos de estilo. Se deben desarrollar las labores de inteligencia conjuntamente con los planes operativos. Cuando hay alimañas se ubican y se fumiga, aunque a veces quede el mal olor del insecticida.
En los últimos días varios eventos contra la autoridad se han manifestado como falta de respeto a la ley. Los de mayor connotación fueron el de un oficial que mató a un presunto delincuente que había asaltado a una dama, y el asesinato de una oficial de la AMET.
La Policía está en la obligación de dar un escarmiento contra los que asesinaron a la teniente Mercedes del Carmen Torres Báez y acumular las pruebas suficientes para que carguen con todo el peso de la ley, pero esto no significa que actúen con paños tibios.
En cuanto al oficial, la Policía tiene que agilizar la participación de su Departamento de Asuntos Internos para que sea el primero que investigue las actuaciones de sus miembros. El policía no es el delincuente.
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