miércoles, 7 de mayo de 2014

Abinader es carpintero político

Alfredo Freites
alfredofreitesc@gmail.com
Dos fallidos encuentros recientes entre Hipólito Mejía y Miguel Vargas Maldonado mantienen en brumas los pasos siguientes. Sobre lo futuro, sigue la especulación.  
Nadie cree el tono enfático con que el líder de la facción se refirió a las reuniones. La afirmación de que su familia se mantendría al margen de candidaturas y la forma tajante de que jamás se encontraría con su adversario son como humo de escenario: realza los colores y desdibuja las formas. 
En la parte contraria está Vargas Maldonado que desarrolla su plan con mano firme. Va a todas las reuniones diciendo lo mismo: Que no renuncia a su objetivo, la candidatura presidencial es su finalidad aunque sabe que el obstáculo para un PRD unificado es que Mejía también anhela la representación para los comicios del 16. 
La candidatura de MVM está unida a ser presidente del Partido Revolucionario Dominicano. Ser el capitán de la entidad le confiere mucha autonomía de navegación y no la cederá aunque fuere el candidato oficial. Teme que poner de piloto uno del equipo contrario haga naufragar sus aspiraciones.
Jacobo Majluta decía que lo importante era la banda presidencial y terminó crucificado porque se quedó solo con aspiraciones. Vargas no soltará el control del partido. Ya vivió la experiencia de ser candidato y que otro arreara la organización. Es hasta posible que tema de un sabotaje mayor porque hay gente que es capaz de sacarse los ojos aunque jamás vea la luz.
La última reunión tenía todas las características de encuentro social. Los dos contendientes están conectados familiarmente. No se requiere de ese tipo de pretextos para hablar de política. Estos dirigentes pueden reunirse incluso a plena luz sin  que esto signifique  violación de la ley. No sorprende que se encuentren para dilucidar la marcha futura que a ambos toca. 
La mayor trascendencia del encuentro fue poner por encima del encono a la familia y dejar por un momento la adversidad política. Lo que sí me llamó la atención es que Hipólito dijo que dejaba en manos de César Cedeño y Luis Abinader “la carpintería política” de la nueva organización. Trató a ambos como dirigentes suyos de igual nivel.
Entre tanto, a casi dos años de las elecciones, sigue el alejamiento. Al final, la vida sigue igual. 

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