Desde hace mucho se especula con la necesidad o la posibilidad de que una nueva plataforma política emerja para soportar una opción presidencial ganadora. Esto se deja entrever en las encuestas que se han publicado en estos días, sería lo novedoso para las próximas elecciones. Claro que el dato no aflora sino que se deduce o se maltraduce de una reflexión interesada. Esta idea de fuerza política emergente emana de la integración por parte de un sector perredeísta del Partido la Convergencia (PACO), uniéndolo a los números que arrojan las encuestas en lo referente a Luis Abinader o Hipólito Mejía, ambos ranqueados en candidaturas presidenciales para el 2016.
Esa es una suma rotunda. Si las elecciones fueran hoy, Abinader o Hipólito lograrían cerca del 42 por ciento de los votos, lo dicen Penn y Gallup, con la observación de que en las muestras el expresidente pierde fuerzas frente a quien fuera su compañero de fórmula en las elecciones pasadas. Estos datos que arrojan ambas encuestas podrían ser un elemento que influya en Hipólito Mejía para que abdique sus aspiraciones en favor de Abinader, con lo que las fuerzas de ambos tomarían por fin un derrotero fijo y definido, cesarían los tumbos que están dando desde hace dos años. Recientemente Mejía dijo que Abinader se está ocupando, junto a César Cedeño, de “la carpintería política” del PACO, lo que puede significar que el líder lo está dejando asumir posiciones de construcción de la nueva fuerza política.
Hasta ahora el PACO luce más idea que realidad porque tanto Abinader como los seguidores de Mejía se identifican como parte del PRD Mayoritario y están trabajando con los mismos perredeístas, no con fuerzas aliadas ni dando pasos legales para formalizar la inserción legal de la nueva entidad. Esto podría significar que el PACO sería la nueva vestidura del PPH y con ella se pretenda agrupar a los que entienda que la que sustente podría ser una candidatura presidencial ganadora. Sin embargo, hasta el momento los que parecían partidos aliados de Mejía se han ido a la “chita callando”. Su distanciamiento ha sido en plantillas de medias. Incluso dirigentes perredeístas que estaban con ellos han retornado al PRD, pero este aparente debilitamiento podría ser de hombres y no de simpatías.
La nominación de Abinader podría marcar un cambio en la historia política nacional.
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