Durante muchos años una emisora radial tenía el mensaje: “El agua es vida, no la desperdicies”. Esa advertencia está vigente. Nos hace falta educación en el uso del agua y debe ser un tema perpetuo para los que trabajan en esas áreas.
El director de la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), Alejandro Montás, está al brinco de la pulga escarbando fórmulas para enfrentar la difícil situación que confrontamos y de lo que nadie se percata.
Según informó Montás, el país vive un desabastecimiento similar al de hace 17 años. Hay una situación crítica en las cuencas de los ríos y se registra una baja en los niveles de las presas. Estamos casi igual a 1997, con la diferencia que ahora somos más; hay mayor demanda de agua y también de derroche.
Los residentes en la capital y la provincia de Santo Domingo deben saber que podríamos avanzar hacia una situación dramática. Aquí entra la responsabilidad ciudadana. Pensemos en los demás. Usemos el agua inteligentemente.
Se podría afirmar que el agua es uno de los servicios más baratos que paga el ciudadano, se podría calificar de un precio simbólico, y aún así hay muchas personas que se resisten a pagarlo como si recaudar el agua se hiciera por la gracia divina.
Tras la muerte de Trujillo y con la expansión de la capital, hubo un desajuste en el abastecimiento y también en los cobros. Se registraron fuertes políticas por este tema. Recuerdo los esfuerzos del ingeniero Frank Piñeyro quien fuera director del Acueducto de Santo Domingo, para crear conciencia sobre el tema del ahorro del agua.
En los días de Semana Santa el arquitecto Montás dijo que la escasez de agua se extendería hasta abril pero ya pasó mayo y el tema se mantiene. El director de la CAASD, se ha dicho, busca la alcaldía capitaleña y la escasez de agua se la ha puesto fácil o difícil, depende de su desempeño.
Una vez dije que la CAASD debía enseñar el uso correcto del agua mostrando el contraste entre los que la recibimos y los que ansían; fomentar la formación de técnicos en plomería, y hasta enseñar a los ciudadanos la reparación de grifos y sanitarios, que en algunos casos son temas sencillos como el cambio de una zapatilla.
Recordemos que no existen fábricas de agua.
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