Hace algunos años que nos sorprendió la noticia de que en Haití, un país donde sólo se juega fútbol, se fabricaba las bolas de béisbol que se usaban en las Grandes Ligas.
Con motivo de la Copa Mundial de Fútbol las noticias sobre ese deporte se cuelan por todos lados, y en la radio, en varios programas he escuchado a entrevistados y colaboradores expresar que no saben o no les gusta el balompié.
Luego en los diarios vi que el empresario dominico-español José Luis (Pepín) Corripio encabezó una ofrenda con motivo del Día del Inmigrante, fecha que se conmemora el 15 de junio de cada año. Un recordatorio de que aquí, en esta nación mulata, todos tenemos el blanco tras la oreja porque somos hijos o nietos de gente que siguió los pasos de Cristóbal Colón.
Estas informaciones de béisbol, fútbol e inmigrantes se batieron en mi mollera como ingredientes para un coctel de interrogantes. La isla que compartimos con Haití ha sido sede de ocupaciones por varias potencias, principalmente España, Francia y Estados Unidos. Los que mayor presencia han tenido han sido hispánicos y galos que nos marcaron con sus idiomas. Norteamérica cuando emerge como imperio aseguró su vecindad dando muestras de su presencia militar y también nos dejaron sus pasatiempos. Los británicos, creadores del tenis, golf y el fútbol tuvieron aquí a los americanos como transmisores de esos deportes y propulsores del béisbol.
Ignoro si fueron por los franceses, pero en Haití se ha mantenido el balompié aunque no han destacado internacionalmente. Nosotros, descendientes de españoles jugamos pelota con gran impacto en el mundo profesional.
Mi cuestionamiento sobre este desdén por el fútbol, que se ha mantenido durante tanto tiempo, es que no tiene explicación, como no la tiene la falta de interés popular. Podríamos, como camino fácil, atribuirlo a la falta de fomento por las autoridades pero la realidad es que no ha calado, se ha quedado embarrancado.
Décadas atrás los ahora empresarios españoles, cuando eran mozalbetes, practicaban fútbol, pero el molde de antes era primero trabajar y después producir dinero. Los sacerdotes que educaban en colegios, eran mayormente españoles, han puesto interés en este deporte sin grandes logros. Actualmente los niños de clase media están estimulados, pero siempre pasa que los deportes en clubes privados se congelan en la adolescencia.
Somos inmigrantes con pálido interés por el balompié.
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