En la Guerra de Abril de una pared de la calle Sánchez colgaba una enorme pintura que mostraba al Tío Sam vocear: “No peleen”, mientras agarraba al pueblo dominicano para que los soldados lo golpearan. El cartel mostraba la imparcialidad norteamericana en el conflicto.La imparcialidad es difícil. Ser mediador reclama no sólo ser imparcial ante las partes sino aparentarlo. En los enfrentamientos de 1965 los norteamericanos tenían que ser coherentes con la política imperial. Propiciaron el golpe de Estado contra Juan Bosch y aparentaban estar al margen de las consecuencias del evento.Cito a los norteamericanos en un tema de imparcialidad simulada porque un archirrival del Tío del Norte copia los procedimientos en el caso de las embestidas de Haití contra el pueblo dominicano. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, perdió la compostura o enseñó lo que no debía ante una entrevista de prensa.Dijo el mandatario sudamericano que Haití es su hermano mayor y que estaba de su lado y enfrentaría a quien estuviera en contra. La sólida expresión de solidaridad está bella. Pocas veces el gobierno de Venezuela ha manifestado con tanto calor su apoyo político, militar y económico así. La patria de Bolívar dejaba ver la posibilidad de enfrentar a quien disienta de las pretensiones de nuestros vecinos.La amenaza de Nicolás Maduro hay que tomarla en toda su extensión. Está diciendo sin tapujos que marcaba su línea. Fue rotundo y enfático. Solidario y tajante. Así se habla cuando hay que expresar de qué lado estamos en una situación. Con Haití o sobre el escudo.Pero hay un detalle que atrae. El presidente Maduro funge o finge como mediador en las diferencias de criterio sobre nacionalidad de los dominicanos. Olvidó las formas.Sus palabras fueron tomadas como un desatino. Una imprudencia de niño rebelde o manifestación de la prepotencia del que está en posición ventajosa. Hay que ver cómo se cumplen las sentencias filosóficas. Los opuestos se unen en alguna parte del trayecto. Maduro se quita la careta y se une a las naciones del primer mundo obligando a los dominicanos a derrumbar su estado de derecho.La actual posición de Venezuela se muestra como un chantaje petrolero. Los dominicanos se resisten a creer que este tipo de actuación tome el espíritu de Hugo Chávez. Las expresiones del inmaduro duelen más por eso.
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