viernes, 17 de enero de 2014

Calumniar deja rastros de vergüenza


Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
La calumnia como arma política es instrumento vil que hace más daño a quien la usa. La mentira así infligida deja un rastro de vergüenza. Es repudiable rebajar la lucha al manejar las divergencias con ese estilo.
Si bien es legítima la posición antagónica, en ninguno de sus párrafos esta ley filosófica, dialéctica y revolucionaria se asienta en el golpe bajo. Si creemos que el fin justifica los medios estaríamos convocando a todos los infiernos a una reunión estéril. Es dar por bueno y válido que en la guerra todo se puede. Y no es así. La vida civilizada impone otras normas.
Las leyes hacen un uniforme al comportamiento social. No podemos, no debemos actuar antojadizamente y atropellar los derechos de los demás.
Las recientes acusaciones contra el ingeniero Miguel Vargas Maldonado por haber tomado un préstamo a un banco local fueron un pitido agudo que me molestó en el cerebro. Me sentí avergonzado de que llevaran a la doctora Milagros Ortiz Bosch ser vocero de tal retahíla de blasfemia contra el líder de su partido.
Si admiro a una persona en esta jungla es a Milagros Ortiz. La más alta dama de la política nacional. Sus aportes le hacen una cuna en nuestra historia. Por eso sentí rubor. Quedé estupefacto al ver cómo tejía una red de mentiras sin ningún sentido. Todo el que tiene experiencia en la vida legal y financiera sabe que ya no se puede tapar el sol con un dedo. Dentro de mi cabeza rebota la pregunta: ¿por qué?
Ella tiene suficiente bagaje teorético para exponer en cualquier cátedra. Lo sé de más. Por eso asombra el uso de este tipo de armas contra un adversario que, ¡oh cosas de la vida!, mañana podría ser un aliado. No me digan lo contrario. La política me ha enseñado cosas más improbables.
Recuerdo que en los años 80 el PRD estaba en el poder y se encaminaba a su tercera victoria al hilo. Jacobo Majluta se levantaba en el horizonte como sol en mañana despejada. Las nubes negras del absurdo llevaron a José Francisco Peña Gómez a disputar. Primero lo despojó de la presidencia del PRD luego hizo un conciliábulo con los reformistas y lo removió de la presidencia del Senado. Balaguer gobernó diez más.
Ya enfermos fueron aliados no obstante, Peña acusaba a Majluta de ser aburguesado. Jugaba tenis. 

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