martes, 24 de diciembre de 2013

Viejas deudas de sangre


Alfredo Freites
El golpe de Estado contra Juan Bosch fue una violenta acción que trazó otro curso a la historia política dominicana. Desvió al pueblo que se encaminaba a la democracia tras la cruenta tiranía de Rafael Trujillo. Su dictadura había sucumbido dos años atrás pero el estilo de la fuerza como forma de diálogo permanecía. Los presuntos antitrujillistas actuaban bajo el mismo esquema. O ellos o nada. Los cívicos fueron derrotados en las elecciones y optaron por la asonada. El año 1963 fue también un reencuentro de la juventud revolucionaria con los ideales de origen. El líder del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1j4), Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo), empeñó su palabra. El atentado contra el Gobierno Constitucional provocaría una respuesta revolucionaria. Las lomas del país serían otra vez escenario de guerra.
Los miembros del 1j4, influenciados por los cívicos y la propaganda del momento habían estado opuestos a Bosch y al Partido Revolucionario Dominicano, pero la conspiración contra la democracia marcó un viraje. Ante el golpe, se lanzaron a las guerrillas en varios frentes. Estaban llenos de valor pero escasos de entrenamiento militar, faltos de conocimiento de los ambientes rurales y mal equipados. 
La lucha era contra el mismo ejército que enfrentó a los héroes de 1959 y que estaban advertidos de la respuesta que tendría el golpe militar.
Acosados por la adversidad los guerrilleros constitucionalistas fueron capturados. Los militares actuaron según sus enseñanzas de 1959. Fusilaron sumariamente a los prisioneros de guerra. El sector que había derribado a Bosch completó lo que entendía era liquidar a la juventud revolucionaria. 
El reclamo de justicia ante estos crímenes ha esperado.
La estructura del país impedía reclamar justicia con posibilidades de arribar a un juicio sano. En el gobierno de los  12 años de Joaquín Balaguer los jueces eran militares y el ministerio público también. El PRD  carecía de fuerza real para acciones de tanta profundidad y la vuelta de Balaguer desalentaba la existencia de estado de derecho.
Los tiempos han cambiado. Hay más confianza en los tribunales. En estos días los familiares de las víctimas se reúnen en justicia. Reclaman el castigo a los asesinos uniformados. Señalan nombres y circunstancias. Adelantan que hay testigos y pruebas. El tiempo que ha transcurrido ha sido mucho, pero las deudas se pagan. La historia reclama esa página.
Ahora, las heridas  abiertas con el golpe de Estado tendrán cicatriz.  

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