lunes, 16 de diciembre de 2013

Gobierno tímido o tiene vergüenza


Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com
Según los números que se tienen y que parece ser oficiales, son 14 mil los haitianos que estarían dentro del marco de  una ley de naturalización.
El proyecto está, se dice  con sordina, en el ámbito del Poder Ejecutivo.
A ciencia cierta todo lo que puedo decir es que me lo dijeron. Esto equivale a decir: no me crea porque no es  nada oficial.
En  las esferas palaciegas se juega con el silencio como instrumento de comunicación. Hay que estar atento a las señas porque cualquier día el funcionario del ramo sale en televisión haciendo señas para  sordomudos. Rodríguez Marchena tiene gran habilidad para esconderse  en lo claro o desde el banco le señalan dedo en los labios.
(Estoy convencido de que calla por voluntad superior, pero no lo digo).
El Gobierno ha tratado la sentencia del Tribunal Constitucional como algo ajeno y que se apoya por solidaridad. Ha tomado el texto con pulgar e índice entre asco y vergüenza.
Esta sentencia es una pieza que debía ser tema central de una campaña oficial para que el pueblo conozca de qué se trata y qué es lo que realmente está pasando. Pero no, nuestro gobierno se maneja en las sombras y deja la ventaja de la ofensiva a los contrarios.  Parece como si negociara la derrota antes de saber quién puede ganarle. Sabemos que hay presiones extranjeras y que también hay dominicanos que coinciden con esos intereses foráneos y esa causa aumentará en partidarios en la misma medida en que recular sea el estilo de pelea.
Una y otra vez hay que decirlo. Pregonarlo. Lanzarlo a los cuatro vientos. Está en juego la identidad nacional. Aunque en Palacio no estén convencidos, esta es la pura verdad. La sentencia del Tribunal Constitucional debe ser llevada a todos los centros de oración. Eso de que en la UASD haya sectores  a favor de los haitianos no es de extrañar. El Gobierno no hace nada para que allí estén enterados del fondo del caso.
Se habla de que el proyecto de naturalización sería la salida de la administración gubernamental. Se construiría un apeadero humanista  complementando de  la precitada sentencia. No la desconocería pero le hace un parche.
Es posible  desde el montículo  presidencial se tenga esta pelota oculta, combinando con el receptor congresual  sobre cómo se aplicará el protocolo de naturalización y  zanjar este juanete.

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